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Consumo energético electrodomésticos

Etiqueta energética

La etiqueta energética informa de los valores de consumo de energía y agua del aparato (eficiencia), así como de las prestaciones del mismo. Es decir, lo bien que un electrodoméstico es capaz de realizar sus tareas (eficacia). Es obligatoria en frigoríficos, congeladores, lavadoras, secadoras, lavavajillas, hornos y aparatos de aire acondicionado.

El color y la letra de la eficiencia
Existen 7 niveles de eficiencia representados por colores y letras. Van desde el color verde y la letra A para los equipos más eficientes, hasta el color rojo y la letra G para los menos eficientes. Para los frigoríficos se han creado dos niveles más: A+ y A++, de menor consumo que la clase A.

La información aportada por el fabricante
En esta parte de la etiqueta es donde el fabricante indica las características del aparato: marca, modelo, eficiencia, eficacias, consumos, etc.

Pero además, eficacia
Para que un electrodoméstico proteja el medio ambiente no sólo debe ser eficiente sino que debe realizar sus funciones lo mejor posible. Por ejemplo, en la Clase de Eficacia de Lavado de los lavavajillas Siemens influye desde la tecnología de lavado que utilizan hasta el óptimo diseño de las cestas, consiguiendo un lavado en profundidad.

Generalmente, tendemos a creer que podemos consumir tanta energía como seamos capaces de pagar, a lo que se suma la consideración de que un mayor consumo y una mayor capacidad para asumirlo supone una mayor calidad de vida. Sin embargo, hay graves errores en estos planteamientos: los combustibles fósiles son limitados, su combustión provoca impactos ambientales que alimentan problemas ecológicos de índole mundial (efecto invernadero y cambio climático, por ejemplo), además de llevarnos a ser excesivamente dependientes de la importación de los mismos por carecer de recursos propios.

En cualquier caso, hay que dejar claro que consumo de energía y calidad de vida no van necesariamente unidos. Así, podemos considerar el uso eficiente de la energía como usar justo la energía necesaria sin renunciar a la calidad de vida, entendida como la satisfacción de nuestras verdaderas necesidades, evitando el despilfarro, y eligiendo la mejor alternativa energética para cada uso: energía solar, gas natural, electricidad, etc.

El ahorro de energía es un objetivo que podemos tener presente en todas nuestras actividades diarias, existiendo, además, instrumentos técnicos y legislativos que nos ayudan en esa finalidad. En ocasiones dicho ahorro depende directamente de determinadas elecciones que tomamos como consumidor y que van desde la elección de nuestra vivienda hasta la compra del más simple de los electrodomésticos o de una simple luminaria. En otros casos, la posibilidad de ahorro va directamente ligada al uso que hacemos de nuestros electrodomésticos e instalaciones.


La eficiencia energética en los electrodomésticos


Desde 1994 se exige el etiquetado "energético" de diversos electrodomésticos como frigoríficos, congeladores, lavadoras, secadoras, lavavajillas y lámparas de uso doméstico. Los fabricantes que comercializan estos equipos en el ámbito de la UE han de etiquetar cada electrodoméstico con un nivel de eficiencia que se identifica mediante una letra, de la A a la G y una escala de colores del verde al rojo. Posteriormente, se ha ampliado la obligación a los aparatos de aire acondicionado, a partir del 30 de junio de 2003.

El método para establecer tales niveles de eficiencia fue el de calcular una media anual de consumo para cada una de las líneas de electrodomésticos afectados, a la cual se le adjudicó el valor intermedio entre las letras D y E (que son los niveles que quedan en la mitad entre la A y la G). Tomando ese punto medio como referencia y en base a los porcentajes de exceso o defecto sobre dicho consumo medio se asignan valores al resto de las letras de la escala, siendo que la A indica la máxima eficiencia y la G la mínima. Cada letra que baja en la escala a partir de la A supone un incremento del consumo energético sobre un 10% más que la letra que le precede.

En virtud de lo expuesto, el etiquetado energético cumple una función fundamental de cara a la información del consumidor, que puede determinar su elección en base a parámetros de consumo energético y rendimiento, en definitiva, de eficiencia energética, teniendo en cuenta de que la presumible diferencia de precio entre un electrodoméstico más eficiente y otro menos eficiente se suele amortizar claramente a lo largo de la vida útil del mismo


El consumo energético en la cocina


Con independencia de la fuente energética que utilicemos, es preciso que tengamos en cuenta diversas cuestiones básicas que debemos acostumbrarnos a aplicar:

• Es conveniente usar la olla exprés, ya que ahorra tiempo y energía.
• No se debe abrir la puerta del horno para ver la cocción, ya que cada apertura supone una pérdida del 20% del calor acumulado.
• El tapar la cacerola durante la cocción facilita la concentración del calor.
• Se debe aplicar una llama que no sea mayor que el fondo de la olla.
• Es interesante utilizar el calor residual que queda tras apagar el foco de calor en las placas vitrocerámicas.


El uso del frigorífico


El frigorífico tiene también un peso muy importante en la factura eléctrica, ya que se encuentra en permanente funcionamiento, por lo que las mejores prácticas deben centrarse en evitar las pérdidas de frío que suponen un consumo de energía adicional para recuperar la temperatura seleccionada. Por ello, debemos no abrir la puerta del frigorífico innecesariamente, así como revisar la buena estanqueidad de la puerta, para lo cual la junta de goma debe estar en buenas condiciones. Asimismo, debe mantenerse bien ventilada y limpia la rejilla trasera. Hay que efectuar un periódico mantenimiento del aparato, evitando que se produzca acumulación de escarcha en el congelador, lo que perjudica el rendimiento del frigorífico y aumenta el consumo de energía.


El uso de la lavadora, secadora y lavavajillas


El uso de estos electrodomésticos debe efectuarse siempre a plena carga. En la actualidad se pueden encontrar diversas opciones en el mercado para acomodar nuestra elección a nuestras necesidades familiares. También tenemos que tener en consideración, al elegir el modelo, si tiene la posibilidad de seleccionar programas destinados a casos de que no se usen a carga completa.

Por otro lado, la mayor parte de ellos suelen traer unos programas de lavado económico, que son los que presentan una mejor relación consumo-prestaciones. Debemos usarlos por sistema, reservando los restantes para necesidades excepcionales.

La práctica totalidad del consumo de las lavadoras es para calentar el agua, por lo que la solución más eficiente es la de usar programas de lavado en frío o con agua templada. Los avances en los detergentes actuales permiten prescindir en la mayoría de los casos del agua caliente. Además, podemos optar por lavadoras y lavaplatos habilitados para conectarse a la toma de agua caliente, evitando tener que calentarla con resistencia eléctrica.

No podemos olvidar el mantenimiento de los aparatos y, en especial la limpieza periódica de los filtros, ya que ello mejora el consumo energético.

En cuanto a las secadoras, hay que decir que la solución más óptima es la de secar la ropa al aire libre siempre que sea posible, reservando su uso sólo en aquellos casos en que resulte imprescindible, por cuanto su consumo es elevado

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