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CAFETERA (1800, Francia)
Los granos de café fueron masticados durante 400 años, a partir del
momento en que un pastor de cabras etíope, llamado Kaldi, descubrió
las propiedades de la planta en el año 850 d.C. Sin embargo, el
comercio no ofreció un modelo de cafetera para la infusión del café en
polvo hasta la introducción de la cafetera francesa en el año 1800.
Durante los siglos anteriores, en los muchos países que consumían ya
enormes cantidades de café, éste se preparaba hirviendo los granos en
agua y pasando la mezcla a través de un filtro diseñado al efecto.
La cafetera francesa, Creada por el farmacéutico Descroisilles,
consistía en dos esbeltos recipientes metálicos, que podían ser de
estaño, cobre o peltre, separados por una placa agujereada que hacía
de filtro. Alrededor del año 1850, los fabricantes franceses
presentaron la primera cafetera esmaltada.
La primera adaptación norteamericana de esta cafetera fue patentada en
el año 1873. El cilindro, de una sola cámara, contenía un filtro que
se hacía avanzar presionándolo a través de la mezcla de granos de café
y agua caliente, obligando con ello a los granos a depositarse en el
fondo. Por desgracia, el diámetro de los filtros no siempre se
ajustaba al del recipiente, y muchas veces el resultado era una bebida
mal colada. Este problema exasperó a una mujer hasta el punto de
impulsarla a inventar una cafetera que diera mejores resultados.
En el año 1907, la alemana Melitta Bentz empezó a experimentar con
diferentes materiales aplicables entre las dos cámaras de una
cafetera. Un disco de tela de algodón, colocado sobre el filtro del
recipiente, funcionaba durante algún tiempo, pero la tela no tardaba
en estropearse.
En el año 1908 descubrió un papel poroso, casi perfecto, al recortar
un disco en una hoja de papel secante, y con ello el sistema de filtro
Melitta inició su camino hacia la comercialización.
La búsqueda de la taza perfecta de café prosiguió incansable, y en el
año 1940 nació la cafetera Chemex, fruto del ingenio de un químico
alemán, el doctor Peter Schiumbohm, que emigró a los Estados Unidos en
el año 1939, adaptó un material de propiedades bien ensayadas en los
laboratorios científicos: el Pyrex, resistente al calor. Construyó un
recipiente al que se limitó a añadir una parte superior cónica
invertida que contenía el papel de filtro, y una medida de granos de
café finamente molidos.
La Corning Grass, empresa distribuidora del Pyrex, accedió a producir
la cafetera Chemex, pero en aquellos momentos se desarrollaba la
segunda guerra mundial, y la compañía comunicó a Schiumbohm que no
podían fabricar legalmente un nuevo producto sin previa autorización
del Departamento de Producción de Guerra.
El inventor, sin desanimarse, escribió directamente al presidente
Roosevelt, encabezando su carta con las palabras “Un rey no se
preocupa por los detalles. Pero un presidente se preocupa incluso por
los detalles”. Roosevelt, amante del buen café, permitió que se
iniciara la producción de la cafetera Chemex.
El doctor Schiumbohm, aunque presentó unas doscientas patentes para
dispositivos tecnológicos durante su vida, ninguna conseguiría el
éxito del más simple de sus inventos: la cafetera Chemex.
Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati
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